Apps que quieren mejorarnos la vida

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A finales de agosto, Reid Hoffman, el conductor del podcast ‘Master of scale’ le preguntó a Sheryl Sandberg, la directora de operaciones de Facebook, por su aplicación favorita (sin contar Facebook). La respuesta fue clara: Headspace.

Headspace es una app de meditación,  que no necesitaba publicidad. Lidera todo un aluvión de aplicaciones de salud y calidad de vida que están decididas a copar un sector, el de la salud mental, que en 2030 (y según la Organización Mundial de la Salud) rozará los 6000 millones de dólares.

Headspace, ¿como surgió?

En 2008, Richard Pierson, de 27 años, sufrió una profunda crisis personal. En un abrir y cerrar de ojos, sus perspectivas laborales desaparecieron y, despedido y desesperado, se sumió en un trastorno de ansiedad que acabó por encerrarlo en sí mismo.

Hasta que conoció a Andy Puddicombe. Puddicombe sabía, por propia experiencia, lo que era una mala racha: tras perder en pocas semanas a dos amigos y a una hermana en varios accidentes, este joven de Bristol de 22 años dejó la carrera y marchó a Asia para convertirse en monje budista.

Y surgió el amor. Empresarial en este caso. Puddicombe ayudó a Pierson a superar su trastorno de ansiedad; y, casi como contraprestación, Pierson ayudó a Puddicombe a mejorar el marketing y la idea de negocio, su forma de “vender” la meditación. En 2010 fundaron Headspace.

A principios de año, Headspace tenía unos beneficios de unos 50 millones de dólares gracias a más de 11 millones de descargas y 400.000 subscriptores de pago. ¿Cómo? Ofreciendo felicidad, compasión, salud y mejores relaciones personales. Así, de hecho, han conseguido convertirse en la aplicación número uno de la Apple Store.

La pregunta que se hacen muchos es “¿qué tiene de especial?” y lo cierto es que nada. O al menos, nada disruptivo. Comparada con otras audioguías de meditación, el funcionamiento es muy similar al de otras aplicaciones de meditación.

Las apps de salud crecen

Aunque, para ser sinceros, Headspace no es solo una app de meditación, también busca la transformación personal y, sobre todo, una mejora en la salud.

La OMS estima que solo los costos de la salud mental alcanzarán los 6 billones de dólares en 2030. Es decir, superará los costos previstos de enfermedades como la diabetes, los problemas cardiovasculares o el cáncer.

La irrupción de la ‘medicina electrónica’ y la ‘móvil’ mira de reojo ese enorme mercado. Pero ¿tiene la meditación un papel en este sentido? Sí. Según Cochrane, la institución internacional dedicada a evaluar la efectividad de las terapias médicas, establece que la meditación tenía cierta efectividad en casos de “fibromialgia, agresividad, trastornos de ansiedad y fatiga”.

Sobre lo que no tenemos datos fiables es sobre la efectividad de las aplicaciones de meditación. Es cierto que a nivel teórico no debe de haber grandes diferencias, pero ignoramos casi todo de lo que supone dar el salto de lo analógico a lo digital. Y esto es un detalle importante (sobre todo, cuando es algo que viene bien a la salud).

¿Es la eHealth una moda o la siguiente frontera médica?

Es más, son incapaces de demostrar que no implica un riesgo a la salud. El caso de la meditación es claro. En general, el consenso nos dice que no presenta problemas para la salud, pero hay cierta evidencia sobre su relación con trastornos de despersonalización o con la vivencia de recuerdos traumáticos. No es nada frecuente, pero la falta de análisis rigurosos deja grietas por las que se pueden colar problemas importantes.

Cualquier tratamiento médico al uso requiere una enorme cantidad de pruebas y controles. Necesita demostrar su efectividad bajo unos criterios rigurosísimos. En cambio, las aplicaciones sanitarias, por norma general, no requieren absolutamente nada (aunque esto, poco a poco, está empezando a cambiar). Y es que usar temas de salud como argumentos de venta es algo muy habitual, pero no es aceptable. Lo recomendable es andarse con cuidado.

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