trampas

Queremos advertiros de que en el supermercado se esconden trampas para que piquemos y acabemos dejándonos los cuartos. Sí, tras esa imagen aparentemente inocente de ofertas tentadoras y cestas de plástico apiladas se oculta el maligno. Por estos siete motivos.

1. Vigila el precio real de los productos a 1 o 2 euros. 

 

Nos abalanzamos inmediatamente sobre las bolsas de ensalada o los paquetes de embutido que podemos pagar con una moneda sin tener en cuenta el precio por kilo. Muchas veces, la cantidad que viene tiene un peso tan irrisorio que, en realidad, el precio se dispara. Un ejemplo, 50 gramos de jamón serrano a dos euros, supone que el kilo se pone en 40.

2. Las promociones no son lo que parecen.

 

Ojo a esto. En muchos supermercados, en la parte intermedia entre pasillos se sitúan las llamadas “promociones”. Tendemos a ir hacia ellas pensando que son ofertas cuando, en realidad, son expositores en los que se muestran productos novedosos de distintas marcas. Fíjate un poco, porque ni son más baratos ni suelen ser productos de primera necesidad.

3. Edición limitada, premium… puro marketing.

 

¿Qué se esconde tras la etiqueta edición limitada o premium? Normalmente, el mismo producto con una pequeña vuelta de tuerca. Sí, le podrán dar el nombre más rimbombante que se les ocurra, pero, si te fijas en la etiqueta, comprobarás que, la mayor parte de las veces, contiene el mismo aceite o tiene la misma procedencia que la versión “normal”.

4. Caldo de marisco… en un 1%.

 

Otro clásico: etiquetar un producto destacando su contenido en alimentos deseables como aceite de oliva virgen extra, jamón ibérico… Un ejemplo: caldo supuestamente de marisco en el que el porcentaje real, una vez que nos vamos a la etiqueta, no supera el 1 o 2% del total. Lo mismo pasa con las croquetas de jamón pata negra. Observa atentamente cuanto ‘pata negra’ hay realmente más allá de la etiqueta y la foto. Te sorprenderás.

5. Leche “sin gluten”.

 

 La fiebre por los productos sin gluten ha llegado al paroxismo. De repente, vender un producto que no lo contenga garantiza unas mejores ventas. Esto ha llevado a que se etiqueten como “sin gluten” productos que no lo tienen de forma natural en su composición. Hay ejemplos a cholón: leche, legumbres, patatas… No es que esas versiones no lleven gluten, es que no debería llevarlo ninguna.

6. La tomadura de pelo de los “enriquecidos”.

 

Se lleva especialmente entre los productos destinados al público infantil. Bollos y galletas “enriquecidos” con hierro, fibra, vitaminas, etc en un procentaje mínimo que anima a los padres a comprarlos. En realidad, se trata de un añadido que, en ningún caso, contrarresta los efectos nocivos de las grasas saturadas o aceites vegetales que contienen.

7. Ojo a los 3 x 2.

 

Un negocio redondo para los supermercados: les permite deshacerse de grandes stocks a cambio de que el cliente (o sea, nosotros) nos llevemos una unidad gratis al comprar tres. El problema con esto no es la oferta en sí, sino el efecto psicológico que nos impulsa a hacernos incluso con productos que no necesitamos y que luego se agolpan en nuestra despensa.

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