protege

La función principal de nuestro cerebro es la supervivencia, por esa razón nos protege. Así que siempre tirará de la opción conservadora, temiendo todo lo que desconoce y, por tanto, es un peligro potencial.

En nuestro día a día y nuestra vida moderna, esto puede llegar a ser un problema.  En su papel protector, el cerebro tiene diferentes formas de protegernos de nosotros mismos. Algunas de ellas, son la diferencia entre sensación y percepción:

El dolor, la fatiga, la sed, el hambre o, incluso, mareos son percepciones que crea nuestro cerebro para decirnos que debemos o no hacer.

NUESTRO CEREBRO NOS LIMITA

Otra forma que tiene el cerebro de protegernos es crear limitaciones.

El sistema nervioso tiene un papel muy importante en la contracción muscular y en el movimiento. Puede contraer fibras musculares, relajarlas, regular la fuerza o intensidad con la que se contrae un músculo, etc.

Gracias a toda la información que le llega al cerebro desde los músculos, tendones, fascias, articulaciones y piel de lo que va ocurriendo mientras nos movemos, podemos re-evaluar la fuerza que debemos hacer o correcciones en los movimientos.

Pero podemos detectar si tenemos fuerza suficiente para realizar un movimiento, mantener una postura o controlar el movimiento en una articulación.

El problema es que si nuestro cerebro duda, hará todo lo posible para evitar el movimiento potencialmente peligroso.

PROTEGE TU CUERPO

Mandar una señal de dolor.
Una señal de fatiga.
Mandar una señal de desequilibrio.
Reducir la fuerza en los músculos implicados.
Bloquear el músculo (temporal o semi-permanentemente).

La señal de fatiga es cuando no tenemos unos músculos respiratorios resistentes y hacemos alguna actividad intensa.
Mandará la señal de fatiga (o reducirá la fuerza en dichos músculos), incluso cuando los músculos van sobrados de energía. Un ejemplo de reducir nuestra fuerza para protegernos sería el de hacer dominadas teniendo poca fuerza de agarre en las manos.

La diferencia entre la fuerza percibida de lo que somos capaces de generar con nuestros músculos es considerable a la que podemos hacer con la que nos sentimos seguros. Y ya no es sólo que no nos aguanten las manos, es que realmente nos notamos más débiles en los músculos de la espalda.

MOVIMIENTOS

Aquí entrarían los músculos acortados y las contracturas.

La mayor parte de las veces, un músculo «acortado» no es más que un músculo bloqueado por nuestro sistema nervioso para que no se estire más allá de lo que considera prudente. Es decir, del rango en el que es fuerte.

Ir más allá podría crear inestabilidad en la articulación, roturas de fibras o algún otro estropicio.

Puede que no lo haga pero al cerebro le vale con la duda

¿PORQUE SE PRODUCEN LAS CONTRACTURAS ?

En el caso de las contracturas son un mecanismo para proteger un músculo o articulación.

Si un músculo está muy fatigado y no va a poder seguir haciendo lo que le pedimos, nuestro cerebro le mandará una señal para «trincarse» (evitar la contracción o relajación) y así evitar posibles peligros. Generalmente se «contraen», solo algunos grupos de fibras musculares.

Esta fatiga suele darse en músculos pequeños que hacen el trabajo de músculos más grandes, pero que están menos «activos».

Otras veces no es que esté fatigado, sino que reacciona ante un movimiento brusco o un movimiento en el que tiene que hacer mucha más fuerza y se contrae para protegerse de ese movimiento o similares.

En todos estos casos, no existe un problema físico (salvo la falta de fuerza o de usar los músculos correctos), sino una señal de protección para una situación concreta.

SOLUCIÓN

La solución es convencer al sistema nervioso de que todo está bien y que no necesita «bloquear» esas fibras musculares. Y quien dice convencer, dice «reiniciar» o hacer que se olvide.

Por eso técnicas como presionar o pinchar suele ayudar en estos casos. Le damos un estímulo muy intenso al sistema nervioso en esa zona y «reiniciándolo» y que vuelva a su funcionamiento normal.

Lo que tenemos que tener bien claro es que esas señales de protección las manda el cerebro por algo. Por mucho que quitemos contracturas, estiremos músculos acortados y otros mecanismos de protección, si no solucionamos aquello que hace que nuestro cerebro crea que debe protegernos, los mecanismos seguirán apareciendo.

 

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